Si eres un emprendedor y tu proyecto está muy avanzado, aunque apenas has tiempo a pensar el nombre de tu negocio deberías darla mucha más importancia de la que parece. Por ejemplo si piensas que da igual u puedes usar el nombre de la calle, del pueblo o de la ciudad, el tuyo y el de tu socio, estás muy equivocado.
Si hay muchos negocios con denominación similar, puedes acabar con una denominación difícil de recordar.
También puedes acabar con una marca demasiado parecida a todas las de tu calle, pueblo, ciudad o provincia. Peor aún resulta tener una marca con connotaciones negativas.
Incluso puede suceder que la denominación elegida esté registrada y tú no te enteres en mucho tiempo. Hasta que un buen día la legítima propietaria de la marca emprenda acciones legales contra ti. Resultado: puede que te veas obligado a pagar una indemnización y peor aún, a cambiar tu denominación. Esto conlleva muchísimos gastos (nueva identidad corporativa, nueva papelería, rotulación, nuevo dominio de Internet, etc., etc.). Y peor aún, que tus clientes acaben comprando a quien había tomado la precaución de registrar la marca. Para evitarlo, tendrás que emprender una campaña para dar a conocer tu nueva marca a tus clientes actuales y potenciales.
Recuerda, tu marca puede llegar a ser el activo más importante de tu empresa. Lo mejor dedicarle el tiempo que se merece y elegir la marca cuidadosamente.
